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ENTREVISTA A GERARDO ALFONSO

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ENTREVISTA A GERARDO ALFONSO

Messaggio Da arcoiris il Mar 2 Apr 2013 - 12:00

Gerardo Alfonso: pedirse el último a uno mismo y empezar de cero
Por: Susana Méndez Muñoz
Fecha: 2013-03-30 Fuente: CUBARTE

¿Cuáles son las características de su actual propuesta artística?

Tengo una banda integrada por 7 músicos, cosa muy rara en un cantautor en el 2012 porque ahora todo el mundo está tratando de ir a lo esencial, a lo minimal; pero a mí me son muy necesarios, pues hago los arreglos y las orquestaciones de las canciones y necesito definir un sonido específico que está dado, por ejemplo, en el clarinete y en el tres ―que ahora mismo lo tengo sin cubrir―, pero que me da el sonido particular que yo quiero de la banda con el grupo base: batería, percusión, teclado, guitarra, bajo y guitarra eléctrica.

Para que sea rentable he hecho tres subconjuntos: Té de Jazmín, que son las tres muchachas del grupo a las que les conformé un repertorio e hice arreglos atendiendo a sus características vocales y a sus instrumentos, entonces ellas se convierten en figuras protagónicas y nosotros las acompañamos; Saco de plomo, somos los varones solamente, yo toco el piano, la guitarra acústica y canto. Los temas son recientes, algunos altamente sociales, del entorno nacional e internacional, cosas pesadas, de ahí el nombre, y musicalmente es una especie de afrorock, con códigos rítmicos de la música afrocubana que han sido usados en el pop, el rock y el blues; el otro subconjunto es Gerardo Alfonso y su grupo, que es el habitual que la gente conoce.

Pensaba que con un proyecto así daba para mantener a un grupo de siete músicos, pero o no me han entendido o yo no he sabido vender el proyecto, porque cuando lo ofrezco la gente tiende a unir para con menos hacer más, lo mismo que yo quiero pero a la inversa. Para que este proyecto tenga una vida propia necesito grabar a Te de Jazmíny a Saco de plomo, pero al no poseer un estudio dependo de las disqueras. Estoy aspirando a buscarme una nueva manera de grabar esas cosas para empezar a perfilar este estilo.

¿Qué está determinando en su caso la búsqueda por fortalecer desde lo conceptual y formal sus propuestas?

Entre otros elementos, la pujanza de las nuevas generaciones que te enseña esa lección desconocida hasta que no llegas a cierta edad: si no te cuidas desapareces. En ese sentido yo pienso mucho en la fortaleza que tiene Silvio, contra viento y marea siempre está ahí luchando con lo que tiene en las manos para sobrevivir las tempestades y así están todos los viejos triunfadores que hay en este planeta.

Lo nuevo, por el mero hecho de serlo, ya es interesante y si es bueno se abre más espacio; lo antiguo es una cosa acostumbrada, es la dialéctica. Un día yo le llevé una nueva canción a una persona y allí estaba un trovador joven con la misma intención; esa persona me dijo “cállate un momentito, vamos a oírlo a él que tus temas yo los conozco”. Esa fue la última vez que le di una canción a esa persona que aún las canta, pero aprendí la lección: lo nuevo necesita un espacio, si puja por ser, entonces tú tienes que amarrarte los pantalones y tirar el ancla durísimo, porque si no te lleva la marea.

Los medios son reflejo de eso, porque allí entran a trabajar también las nuevas generaciones y quieren oír, en primer lugar, las voces de su época, los íconos de su generación y sus códigos; porque yo coincido con muchas de las ideas de los jóvenes y muchos de ellos están repitiendo los pensamientos nuestros, pero los trasmiten en otros códigos.

La música, además, no se puede quedar toda la vida con el mismo concepto, como una cosa de vanguardia; cuando eso dejó de ser hay que darle paso a la vanguardia que se va estableciendo y la Nueva Trova tiene un criterio muy estoico de ser el hombre con la guitarra casi siempre de cuerdas de nylon, con la armonía típica de la trova, eso está muy bonito, pero no es suficiente.

El XXI entró con un sonido digital y hay que renovarse. Los cantautores de habla hispana, anglosajona o portuguesa vigentes, han modificado sus formas de hacer; ni Caetano es como era, ni Paul Simon, ni Pedro Guerra, ni Drexler, todos se renuevan. El propio Serrat lo ha hecho con los discos sinfónicos y aliándose a Sabina, que viene con un discurso completamente diferente. No puedes quedarte en el estoicismo toda la vida, porque te pasa como a algunos que están vivos ahí con su guitarra pero nadie los reconoce y eso es muy triste.“Hay que ser absolutamente nuevo”, dice Rimbaud, no puedes dejar que lo convencional se apropie de tu proyecto de vida y se establezca en ti.

Elton John, que es un clásico, uno de los artistas más grandes desde el punto de vista mediático, de obra, de venta y de influencia, es ahora una cosa medio caduca ahí; después de la música del Rey León, la industria lo empata en un show con Eminem para refrescarle la imagen y para vender, claro.

¿Considera que esto es una concesión al mercado?

No, yo lo veo como la manera de incorporar nuevos caminos; una cosa es convivir con la mediocridad y la banalidad y aceptar eso, y otra es convivir con lo nuevo, con lo potable.

Los Beatles fueron el fenómeno musical más importante del siglo XX y se consagraron al número uno, escribieron canciones para eso y hasta que no estuvieron en el uno en Estados Unidos, no fueron allí. Pero, ¿qué dejaron, ahora a 50 años? Entre muchas virtudes y glorias, la prueba de que para ser popular y comercial, no necesariamente hay que ser mediocre o banal, los ingredientes para estar en el número uno son desconocidos.

Por otra parte el mercado también tiene sus méritos, gracias a él podemos consumir la enorme cantidad de música que conocemos, no creo que sea malo que exista, lo malo es que no es democrático, pues a veces no toma en cuenta la riqueza cultural de pueblos periféricos.

Si tú te puedes apropiar de todos los elementos de la época en que vives para hacer que tu música vaya más allá: bienvenido sea; Elvis Presley, BB King y todos los rockanroleros incorporaron el sonido de la guitarra eléctrica y “le dieron una patada” a la música que reinaba en esa época, a todas aquellas orquestas que eran geniales, pero que estaban sonando antiguas.

En el 45 surgió la guitarra eléctrica y en el 55 ya había copado todo y hasta hoy sigue siendo un instrumento tremendo. Pero en el XXI vino un sonido nuevo, el sonido Rave, con frecuencias muy profundas, graves en los bajos, los bajos digitales gordos que afectan zonas del sistema nervioso y provocan una dependencia, como a una droga; y de ahí vienen las músicas de las que se aprovechan los oportunistas, que se pegan como baje pero que es muy mala y ellos son peores que la música que hacen, pero están usando los sonidos de la época, un sonido con el que mis hijitos están creciendo.

¿Entonces es partidario de incorporar a su línea de creación los nuevos sonidos?

Sí, porque los sonidos de cada época complementan el concepto artístico que tú emites, se convive con lo tradicional, con lo conservador y con la vanguardia, pero si vas a tirar hacia delante, tienes que sumar a tu experiencia el sonido de tu época. Baltasar Gracián dice que los elegidos, los iluminados, están sujetos a su época, nadie puede eludirla, y a veces nosotros por estoicismo, por la historia recorrida, caemos en una posición conservadora y nos llamamos revolucionarios en el sentido dialéctico, sin embargo estamos defendiendo un pasado sonoro.

En el 80, en el mundo se inventaron las máquinas de ritmo y todo el mundo, desde Phil Collins y Madonna, las asumió excesivamente. Después que quemaron aquello se quedó aquel sonido modernísimo y entramos en los 90 con todo lo contrario, surgió el Buena Vista Social Club o MTV Umplugged y todos los productos acústicos tenían valor, pero una vez que pasaron los extremos, se vuelve a asimilar lo mejor de cada cosa y yo pienso que más allá del extremismo que pueda estar sonando ahora, esos sonidos condicionan, no a nosotros que venimos “árbol que crece torcido”, si no a los que están surgiendo que son los que van a llevar adelante la música de esta época. Yo soy partidario de sumar adecuadamente los sonidos de la época.

¿Qué transformaciones ha experimentado su producción desde el punto de vista de los contenidos?

Yo empecé a hacer canciones por una necesidad de expresarme, pero no tenía mucho que expresar desde el punto de vista de contenido. Yo expresaba sentimientos fundamentalmente en la década del 80, canciones de amor y cosas así, y me encantaba expresarlo poética y bellamente; por eso es que Silvio fue un paradigma, al igual que Neruda, Huidobro, Nicanor Parra, Gioconda Belli, Boudelaire y Rimbaud y los autores de todas aquellas poesías que nos empezaron a inundar y salieron entonces canciones como Eres nada y otras muchas.

Con el tiempo me fui comprometiendo más, componiendo y viviendo una realidad que se iba poniendo convulsa, porque uno va tomando partido, teniendo conciencia de lo que está viviendo y empieza a escribir con cierto rigor temático. No sé si yo fui un estudioso, no lo recuerdo; sí sé que fui muy intuitivo, hacía muchas cosas intuitivamente.

De hace 15 años para acá es que he empezado técnicamente a valorar el lenguaje literario en la canción, a estudiar la retórica y las reglas gramaticales; porque todo no es solo cuestión de lecturas, hay unos recursos. Por eso Sabina es Sabina y los grandes poetas son grandes poetas; no basta con tu gran corazón, tu sensibilidad, tu percepción de la vida y talento, hay una parte técnica que marca la diferencia. En ese barco estoy montado ahora porque también cuando se van acabando las neuronas, tienes que reemplazarlas con cultura, con conocimientos, oficio, con el saber y el aprender. Todos los días hay que bajarse del pedestal en el que uno piensa que está y pedirse el último a uno mismo y empezar de cero, recomenzar. No hay nada mejor, ni más valioso.

¿Qué es Trillos Urbanos?

Trillos Urbanos es un derivado de Almendares Vivo, porque cuando yo salí de este me fui con las ideas de lo que estaba haciendo allí y encontré el cine Riviera; empecé a hacer un proyecto que se llamaba Cinema Sincopado, que tenía las mismas características del Almendares…, pero era completamente urbano, era la vida concreta, cemento y asfalto. Allí se presentaron, entre otros Mezcla, Aceituna sin hueso, Free Hole Negro, Porno para Ricardo, y quizá por el carácter contestatario de los artistas de alguna manera se diluyó aquello, tuve algunas desavenencias con la administración y no pude continuar.

Yo tenía de todas maneras la idea de mantener mi proyecto ―porque soy una persona que gusta de trabajar colectivamente―, y entonces me enganché con el nombre de Trillos Urbanos, que es el título de una canción de Caetano Veloso. Ahí convinieron la música y las distintas manifestaciones artísticas con algún discurso que debería ser ecológico, vinculado con la vida y la naturaleza, de la urbe y de lo rural, pero no lo he podido desarrollar tal cual. He hecho una especie de proyecto itinerante en el que cada vez que tengo condiciones y espacios convoco a artistas de la plástica y se canta, se dicen cosas, se exponen cuadros y audiovisuales. Hice dos en la Casa del Alba, pero no fluyó y paré. También lo hice hace poco en la Casa de la Poesía.

No puedo pensarlo para la sistematicidad, tengo que hacerlo cuando y donde estén las condiciones y las voluntades. Para presentarlo en el interior yo podría ir con mi grupo y convocar a los artistas del lugar, y sería muy fácil, pero para eso tengo que tener respaldo y apoyo, lo cual es muy difícil porque ahora hay muchas limitaciones económicas y confusiones con el mercado, y la necesidad de ganar dinero y “quítate tú pa’ ponerme yo” y otras cosas muy raras.

¿Quisiera comentar sobre el Premio Especial Cubadisco que recibiera en esta reciente edición del evento discográfico?

Leyendas camagüeyanas es un disco sinfónico, lo hice en Blen Blen Estudio, el estudio móvil de Edesio Alejandro. Es una suite sinfónica de ocho piezas, arregladas y orquestadas por un director italiano que se llamaValterSivilotti; músico que venía a los Festivales de Música Contemporánea en Cuba e hizo una suite a unas canciones de Silvio ―que cantó­­­­­­­­­­­­­ ManuelArgudín―, a unas de Sara ―que cantó Heydi Igualada―, y en la tercera ocasión en que se presentó en ese evento trajo una suite de canciones mías que se llama Suite Sábanas blancas y él me propuso que las cantara yo mismo, por tanto el primero que interpreta la propia obra de estas suites, soy yo.

Esos festivales se realizaban en Camagüey y allí empecé a descubrir las leyendas de esa provincia, la del tinajón, la de Dolores Rondón. Empecé a buscar información y desenterré ocho leyendas para esta suite; desde Gertrudis Gómez de Avellaneda, nadie se había dedicado a escribir sobre estas a partir de la poética y la canción.

Estoy muy orgulloso de este material porque las leyendas son cosas muy cubanas, y aunque parezca música de élite es de resistencia porque está arraigada a una tradición, a una mitología y a la idiosincrasia y porque es vanguardista, pues está hecha con el guayasón. Además existe una tendencia a la banalidad tan fuerte que cada vez que haya un chance hay que plantear el arte en su esplendor para contrarrestar esta epidemia que no hace bien a nadie, ni a los músicos que la ejecutan, ni a los que la escuchan, ni a los que les gusta, ni a los que no les gusta; es devastadora para una sociedad.

¿Cuál es su próximo proyecto fonográfico?

Estoy terminando de grabar un disco con el sello Colibrí, en el que estuvieron involucrados algunos músicos de mi grupo, que se llama La Luna; también es sinfónico y tiene arreglos de Roberto Sánchez Ferrer, Guido López Gavilán, Emilio Vega y tres míos que ―no puedo ser modesto― quedaron muy bien. Debí haberlo grabado en el 99 cuando se cumplían 30 años de que Neil Amstrong había puesto un pie en la luna; eso no fue posible, ni fue posible cuando se cumplieron los 40 años. Por fin en estos momentos nada más me falta poner unas guitarras, las voces, mezclar, masterizar y terminar.

Este es un disco atemporal, con canciones compuestas en 1983 y las últimas en el 97, pero que han sobrevivido al tiempo, como por ejemplo Como si fuera un gato. Los arreglos son increíbles, porque Sánchez Ferrer es un músico que arregla al estilo de la música norteamericana de los 40 y los 50, tiene que ver con las maneras de Glen Miller, de Gerswing. En esas orquestaciones se utilizaron todos los instrumentos de la sinfónica, es un disco muy abundante musicalmente.

Sé que tiene opiniones muy serias acerca del movimiento actual de rap en nuestro país y del dúo Los Aldeanos, específicamente. ¿Quisiera comentar al respecto?

En el caso de Los Aldeanos, que son los más graves dentro de todo el movimiento de rap cubano, me parece que hay dos etapas: una inicial en la yo compartí con ellos desde el proyecto Almendares Vivo y ya venían despuntando con un espíritu bien crítico, pero todavía su expansión era pequeña; luego fueron ganando espacio en una segunda etapa en la que hubo mucha incomprensión en cuanto a la actitud de ellos, que yo considero absolutamente honesta. El rap es una expresión en esencia contestataria, no es complaciente y ellos han tenido la visión y la claridad de ver la realidad y fotografiarla más o menos como se presenta, porque nunca una obra supera la realidad, pero ellos lo han hecho con un alto nivel de observación.

Yo no voy a discriminar, pero a mí me gusta más El Bi que Aldo, porque veo una utilidad de la poesía, de los versos, de las formas poéticas, en las figuras retóricas más o mejor elaboradas que Aldo; no me refiero al lenguaje, me refiero a forma. El rap tiene un flow que es este ritmo en la melodía que marca la diferencia entre unos y otros grupos y ellos son unos maestros en eso y el Bi tiene una capacidad de improvisar con ideas claras y concientes, y justo en ese desarrollo de su discurso vino la incomprensión y la intolerancia porque las instituciones oficiales a veces interpretan "Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada" que uno tiene que ser un obediente de lo que decida alguien y no es así, porque en nombre de ese tipo de obediencia se han cometido montones de atropellos e ilegalidades y “hemos visto caer las hojas de los árboles”, como dice Carlitos, me parece que Los Aldeanos es un dúo que tiene muchos valores.

Ahora, yo no comparto mucho las groserías, no me aportan mucho, incluso en Raza yo digo que no ganas nada con la mala palabra que se te va, a veces en un momento de rabia tú sueltas la mala palabra y eso te alivia y cae sobre el mal y lo destroza a veces, pero no puedes hacer de esto un hábito constante ―y no estoy moralizando― sencillamente es que a mí no me gusta estar oyendo continuamente malas palabras para apoyar un discurso.

Fuera de eso, Los Aldeanos me parece que son revolucionarios, muy valientes y que son la voz de una época y de una generación en ese modo de expresar. Creo que el rap está haciendo lo que nos falta a los cantautores, ellos tienen la urgencia de la ambulancia, de socorrer a la sociedad, y nosotros hemos estado más contemplativos; y ahí les sigo el ejemplo.

¿Cree que esta diferencia se debe a un problema generacional solamente?

No creo, puede ser que la generación nuestra sea más convencional que este atrevimiento que es rapear y decirlo todo, porque para decir todo lo que dicen ellos hay que tener un desapego con la historia de la Revolución Cubana (como la vivimos nosotros, los más antiguos) y menos compromiso u otro compromiso, yo diría.

Nosotros, mi generación y yo, le tenemos mucho cariño a nuestros primeros años de vida, a “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Nací a finales de los 50 y en los 70 vi a Salvador Allende pasando por Paseo y 21, por mi escuela, a dos metros de mí; soy testigo de Angola y de todas las glorias que se han vivido. Las generaciones más jóvenes, los que tienen 30 años, nacieron en los 80 y los tomó el período especial en el momento en que está desarrollando la personalidad rebelde y era un período duro, de pérdida o cambio de valores; por tanto a la hora de rapear ahora lo que van a soltar es la bilis de lo que vivieron.

Nosotros no, porque tenemos una reserva de compasión, de romance, de romanticismo, una reserva como un camello, y no nos tiramos con toda la agresividad porque tampoco nos corresponde. Creo que nos corresponde enderezar la nave de otra manera, pero no por eso debemos hacer mutis por el foro, hay que hablar y decir.

¿Qué queda del Gerardo que cantaba en la esquina de 21 y D sus primeras canciones a los amigos?

Casi todo. En esencia soy el mismo, lo he dicho otras veces, no solo el mismo de 21 y D, sino el mismo de cuando era chiquito, soy una especie de niño que ha envejecido y tengo el mismo espíritu, lo que pasa es que tengo que adaptarme a la sociedad, a los tiempos que me piden comprar y vender. Si por mi fuera, sería un eterno trovador de una esquina, cantándole al que pasa todas mis canciones nuevas y tratando de enseñar a quien quiera que le enseñen algo, pero las circunstancias son las que condicionan a los seres humanos, la propia familia, el hogar, todo, y te tienes que meter en la vía férrea de tratar de producir para sobrevivir, para todo lo que representa la vida.

Por lo demás creo que soy el mismo tipo de aquel momento, con un sinnúmero de canciones ―porque en aquella esquina solo tenía dos canciones y todas las que me enseñaron a escribir― y con un cúmulo de experiencias de 32 años.

¿Sigue teniendo las mismas ilusiones?

Sí y sigo creyendo que hay un lugar donde tengo que estar, que no es un lugar físico, a lo mejor es un panteón de la gloria o… no sé; pero yo sé que desde que inicié el recorrido de la canción voy tras ese sitio y eso me obliga a no rendirme nunca.

Para mi lo más fuerte fue ―más que este trayecto que es muy duro, ¿eh?― el momento en que decidí ser un artista o un mendigo, esa fue la disyuntiva más profunda de mi vida y opté por hacerme el artista y para eso he tenido que soportar los sablazos, las patadas, las caídas; me caigo y me levanto, me caigo y me levanto, por los siglos. Entonces, en esencia, sigo siendo el mismo tipo de aquella época.


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