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Emperadores del reagetton

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Emperadores del reagetton

Messaggio Da arcoiris il Mer 17 Apr 2013 - 10:43





LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -Hace 50 años fue creado, como parte del Consejo Nacional de Cultura, el Instituto Cubano de la Música.

Esta entidad ha sido la encargada de aplicar la política cultural del gobierno cubano para el área de la creación musical. Con rango gubernamental de viceministerio, a este instituto se supeditan las empresas de contratación artística musical y los centros provinciales de la música. Pero es significativo que sus funciones sean cada vez más decorativas.

Su principal foco de atención se centra en la protección de la denominada música culta o de concierto. También ofrece trato preferencial a determinadas figuras bendecidas por el “urbi et orbi” del castrismo.

Recientemente, tuvo lugar en La Habana un evento de carácter internacional dedicado al Danzón. Según la tradición, este es el baile nacional cubano. Pero en Cuba es donde menos se baila. El festival fue una vitrina concebida para engatusar y sacarle algunos dólares a turoperadores e invitados extranjeros.

En las últimas décadas, los cubanos han cambiado su manera de relacionarse con la música. Esta relación se ha reflejado en el reinado casi absoluto de determinadas tendencias musicales en el gusto popular. En los noventa reinó la denominada timba dura, flanqueada por el fenómeno de la música dance o de discotecas. Fueron los tiempos en que la UJC Nacional asignó módulos de sonido a sus sedes provinciales. El objetivo de estos módulos era garantizar el funcionamiento de las denominadas “discotecas móviles”.

Por su parte, agrupaciones como NG La Banda, Manolín, El Médico de la Salsa, e Isaac Delgado, entre otros, dominaron el espacio sonoro de buena parte de la última década del siglo XX en la Isla. Lo dominaron hasta la saturación. Con la llegada de empresas discográficas extranjeras a Cuba, la timba se convirtió en un producto más o menos exportable y en un rubro comercial interno y extra fronteras.

Sitios como el célebre Palacio de la Salsa, del capitalino Hotel Riviera, se convirtieron en bastiones del género y símbolos de status social y monetario. El precio récord de entrada a un concierto en ese lugar lo obtuvo El Médico de la Salsa. Los asistentes de aquella noche de 1994 pagaron 45 dólares por la entrada. En esos momentos el dólar era cotizado a 150 y 200 pesos cubanos.

Actualmente, para un sector de los cubanos dentro de la Isla, el precio de un concierto equivale a la mayor o menor calidad del músico. También pesa en la balanza la presencia de éste en los medios de difusión masiva. En estos momentos, el reinado lo ostentan no más de cinco figuras o agrupaciones locales del polémico, popular y casi dictatorial reagetton. Los productores de este género musical han comprado, mediante soborno, a directores provinciales de cultura, directores de centros provinciales de la música y programadores de casi todo el país.

El procedimiento es bien conocido en los corrillos de la farándula. Un productor o representante conecta con quienes deciden sobre la contratación de artistas en las capitales de provincia. Éstos cobran por detrás del tapete un mínimo del 10% de la cifra que autorizan para el pago del artista contratado. Mientras más alta sea la cifra a pagar, más dinero va al bolsillo de los funcionarios correspondientes. La sombrilla legal bajo la cual transcurre todo es el innegable poder de convocatoria que han logrado los intérpretes de reagetton.

El presupuesto para pago a artistas de toda una provincia puede ir a parar casi completo a las manos de un reagettonero famoso. Recientemente, la provincia de Artemisa le pagó a Osmani García 90 mil pesos cubanos por actuar en fiestas populares. Por otra parte, artistas de otros géneros de la música casi tienen que rogar de rodillas para que les paguen 3mil o 5mil pesos.

Las grabaciones musicales se mueven en la Isla a nivel de redes informales de distribución y venta de CD y DVD. Un extranjero de visita en La Habana puede conseguir por trasmano música cubana a precio mucho más barato que en las tiendas oficiales. Para ello, solamente tiene que ubicar donde están los vendedores de los denominados “discos quemados”. Gracias a las nuevas tecnologías, Cuba es el paraíso de la piratería musical. Es el escenario de un modo peculiar de las dinámicas del mercado y el consumo de la música.

CIAO CUBA

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