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Apocalisse Alcolica(13 muertos da avvelamento per etanolo)

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Apocalisse Alcolica(13 muertos da avvelamento per etanolo)

Messaggio Da mosquito il Gio 12 Set 2013 - 2:28

http://www.diariodecuba.com/cuba/1378239607_4896.html





El múltiple envenenamiento con metanol ocurrido hace unas semanas en La Habana demuestra la evidencia: en Cuba, el alcoholismo es ya un fenómeno masivo.



El desenlace final arrojó trece muertos por envenenamiento con metanol. A los fallecidos en La Lisa se le añadieron Yuniel González y Dámaso Cordero, dos residentes del municipio San Miguel del Padrón, cuyos decesos no fueron informados por la prensa oficial.

Vale aclarar que en cualquier parte del mundo se producen intoxicaciones con metanol o alcohol de madera, su ingestión ha cobrado víctimas en República Checa, Polonia, México, Estonia, Colombia, El Salvador, EEUU e India, por solo citar algunos países.

Cruzar la barrera del alcoholismo —según las estadísticas— es como introducirse en un campo de exterminio. En una investigación efectuada por un equipo multidisciplinario del hospital Carlos J. Finlay, que fuera publicado en la Revista Cubana de Medicina Militar, de cada diez suicidas nueve son alcohólicos, y la dipsomanía también causa muertes por riñas callejeras, envenenamientos, accidentes del tránsito, cáncer gástrico, cirrosis hepática, pancreatitis hemorrágica, etc.

Dicha publicación no mencionó el lugar ocupado por el alcoholismo entre las diez primeras causas de muerte en el país. Los padrones muestran que un 45% de la población mayor de 15 años consume bebidas alcohólicas, para un índice de prevalencia que oscila entre el 7 y 10% —uno de los más bajos de América Latina—, sumario que contrasta con los numerosos borrachos que se ven en las calles.

Los investigadores reconocen que en los últimos 15 años el consumo ha aumentado, mientras el 40% de los ingresos por urgencia en los cuerpos de guardia de nuestro sistema nacional de salud, corre a costa de los alcohólicos.

Pero la dipsomanía no hace distingos. En su gremio pueden asociarse vecinos de los barrios residenciales de Nuevo Vedado, Miramar y Biltmore, tugurios marginales como los del Palo Cagao y Los Pocitos, así como multicondecorados generales e indigentes que pululan por las calles.

Desde el vodka Stolisnaya y el whisky Chivas Regal, hasta los aguardientes conocidos como "hueso de tigre" o "chispa'e tren", los dipsómanos tendrán que elegir el trago que les corresponde, acorde a la capacidad de sus bolsillos.

En nuestra Isla, que antiguamente fuera identificada como "la tierra del azúcar y el ron", existe una marcada diferencia entre "los que beben alcohol bueno y los que beben alcohol malo".

Desengañado de bares y cantinas

Raúl, de 52 años, se afeita, baña y cambia de ropa cuando le da la gana, deambula por el Vedado y bucea en los contenedores de basura para buscar latas de refresco y cerveza que luego vende en un almacén de materias primas, localizado en la calle 17, entre 8 y 10, en la propia barriada.

Raúl siempre tiene una botella plástica metida en un bolsillo para darse un trago de "alcolifán", solo compra el alcohol en un punto de confianza del que no ofrece detalles y no consume el ron a granel que expenden en los bares estatales (el "hueso de tigre"), alegando que: "Lo adulteran y me da cagaleras".

El Moro, de 58 años, oriundo del Cerro, rechaza igualmente estas bebidas. El Moro se dedica a la venta de aguacates para luego comprar alcohol. A la pregunta de por qué es alcohólico, responde que "en Cuba no hay más ná que hacer, ¿qué tú quieres?".

Asevera que los médicos de la familia nunca les han propuesto a los alcohólicos un programa de rehabilitación. Los policías son los únicos que se les acercan cuando los sorprenden registrando los contenedores de basura, para amenazarlos con la "ley de peligrosidad social".

Carlos Betancourt, un jubilado de 77 años, afirma que antes del año 1965 no había tanta prevalencia del alcoholismo. Tampoco recuerda tantos envenenamientos masivos con metanol.

Cuenta que "hace más de 50 años había bares por dondequiera y un trago doble de coñac Peralta o cualquier aguardiente, tan solo costaba tres centavos". Según su criterio, la calidad de aquellas baratijas era superior al hoy sublimado ron Havana Club.

"Nadie tomaba en las calles como sucede ahora, ni llevaba botellas para su casa, la gente bebía en bodegas y bares donde las victrolas amenizaban con la música de Vicentico Valdés, Contreras, Panchito Riset, Vallejo, Laserie y otros".

Betancourt dice que la ansiedad por el alcohol data de 1968, tras la nacionalización masiva conocida por Ofensiva Revolucionaria y la implantación de una Ley Seca, época en que el Estado racionó la bebida y solo vendía bimensualmente una botella por núcleo familiar.

Entonces la gente comenzó a producir clandestinamente "gualfarina", ron que se obtenía a partir de la destilación del azúcar crudo fermentado. "No había levadura —apunta Carlos—, y para sustituirla se empleaba excremento de niños recién nacidos. Tampoco faltaron inescrupulosos para bebérsela".

Igualmente comenzaron a distribuir en las pizzerías un vino argelino, bautizado popularmente como "Pancho el Bravo". Más tarde, "Pancho el Bravo" fue retirado de los expendios a consecuencia de que los borrachos amanecían tirados en las calles. "Figúrate —sentencia Carlos—, en aquellos tiempos, Castro idealizaba al inmaculado hombre nuevo".

Con el "periodo especial", regresaron las escaseces e irrumpieron el "azuquín" (nueva versión de la "guarfarina"), y la "chispa'e tren", que se obtenía purificando el alcohol de reverbero con carbón activado. Los consumidores de éste subproducto del petróleo recibieron el mote de "chisperos".

"Ahora, las shopping están repletas de licores de todo tipo, pero los precios son inalcanzables para los pobres —expone Carlos—. Las ofertas más baratas son las cervezas y "el planchao" (menos de ¼ de botella de ron), que cuestan un CUC, mientras el salario medio cubano sigue atascado en los 15 CUC o dólares mensuales.

"Por eso es que la gente busca alternativas más baratas y se expone a los envenenamientos masivos —considera finalmente Betancourt—. El hecho de que entre los intoxicados con metanol en el municipio La Lisa hubiera una mujer en estado de gestación y otra que amamantaba a su hijo de meses, demuestra el grado de frustración e irresponsabilidad que existe en el país".

Dame un traguito ahora que nadie mira

Desde la barriada de La Timba en el municipio Plaza de la Revolución y solicitando el anonimato, un alcohólico de 63 años señala con su dedo índice la cima del edificio MINFAR, y expresa: "Ahí sí hay borrachos".

Cuenta que fue camarero del bar-restaurante del piso 20, destinado a los generales de alto rango de las fuerzas armadas; en varios ocasiones fue testigo de cómo rompieron el record del escritor Ernest Hemingway, implantado en el bar Floridita.

Para comerse un "aeropuerto de ternera" (bistec de palomilla que ha de ser servido en una bandeja porque no cabe en un plato), los aperitivos de estos señores —de los que no quiere ni recordar sus nombres— consistían en tomarse una botella de vodka Stolisnaya, whiskies Chivas Regal, Johnny Walker, o ginebra Gordon, ron Matusalén o añejo Havana Club. "Ah y lo más significativo es que Liborio siempre pagaba la cuenta".

Mientras trabajó allí, a escondidas, este alcohólico se daba "cañangazos" de las buenas marcas, hasta que lo sorprendieron y lo echaron. En la actualidad tiene que tomar "alcolifán" o lo que venga. Tras el envenenamiento con metanol acontecido en La Lisa a principios de agosto, pasó varios días inquieto: "Compadre, no es fácil irse del aire o quedarse ciego", sentenció.

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Re: Apocalisse Alcolica(13 muertos da avvelamento per etanolo)

Messaggio Da mosquito il Mer 18 Set 2013 - 2:13

http://cafefuerte.com/opinion/puntos-de-vista/7070-cuba-el-alcohol-sobre-la-mesa/


Cuba, el alcohol sobre la mesa



La  monocorde Mesa Redonda de la Televisión Cubana ha anunciado que a partir de la emisión del 13 de septiembre dedicara un espacio cada viernes para analizar “actitudes y comportamientos sociales nocivos, sus causas y consecuencias”.

Para empezar, el tema de este viernes fue presentado como “El Alcohol sobre la Mesa” en referencia a un reciente caso ocurrido en el municipio de La Lisa, en la capital cubana, cuando más de 60 de personas se intoxicaron y 12 murieron después ingerir alcohol de madera.

De esta forma, se está reconociendo oficialmente y concediendo máxima importancia a uno de los mayores problemas que enfrenta la sociedad cubana en la actualidad: el alto nivel de consumo de alcohol. Problema que tiene larga data en Cuba y que también padecieron los países de Europa del Este bajo las dictaduras totalitarias del “socialismo real”.

En realidad, el alcohol sobre la mesa lo pusieron hace mucho tiempo, como mecanismo que propiciara la enajenación del pueblo y para que en alcohol funcionara como un bálsamo macabro para las penas producidas en una vida de miseria, frustrantes condiciones de vida e incertidumbre hacia el futuro.

Pipas de cerveza y ron a granel

No fue la CIA ni el Imperialismo Yanqui -los comodines preferidos de la propaganda oficial- quienes inventaron las pipas de cerveza y el ron a granel. Fue el gobierno autoproclamado revolucionario quien creo las condiciones, propició y desarrolló la macabra subcultura alcohólica que padece hoy el pueblo cubano.

No hay un solo municipio de Cuba que no tenga su pipa de cerveza y muchos tienen dos, tres o hasta diez. Enclavadas en plazas, edificios abandonados, viejos parques o un simple espacio descampado, muchas veces sin mesas ni sillas para sentarse, sin baños o con una simple caseta sobre una alcantarilla, la pipa de cerveza está presente. Al principio había jarras o vasos de cartón. Hoy hay vendedores ambulantes que ofertan latas o pomos reciclados para que el que llegue pueda beber. La higiene simplemente no existe, la calidad no cuenta. Es un ansia desenfrenada por beber, poco importa cómo.

Las fiestas populares de los pueblos no son más que una caravana de pipas, con su maloliente y aguado producto, cuyo único fin es que la gente se embriague y orine en plena calle, en el mejor de los casos. O se mate a puñaladas cuando ya es demasiado el alcohol que se ha consumido.

Otra de las variantes utilizadas ha sido la venta de ron, vinos o ron con refresco a granel. Son bebidas alcohólicas que, como la cerveza de pipa,  jamás se embotellan y cuyos parámetros de calidad son incontrolables. Esta fue una solución provisional, como las etiquetas que utilizaban en ocasiones, pero como tantas cosas provisionales en Cuba, se quedó para siempre. La producción a granel abarata los costos y reduce los tiempos, sin el más mínimo respecto al consumidor y sin ninguna garantía en cuanto a la autenticidad del producto, que casi siempre se comercializa adulterado.

Brebajes de fermentación

Esta proliferación de las bebidas alcohólicas en Cuba se produce después de un período de abstinencia total. Cuando empezó la escasez de comida, piezas de repuesto o productos de higiene, desaparecieron también la cerveza y el ron. La comida y el jabón no volvieron en jamás, pero las bebidas alcohólicas sí. El gobierno nunca ha sido capaz de producir malanga, pero sí cerveza. De hecho, muchas provincias de Cuba producen sus propias marcas de cerveza y de ron para consumo local, dando cumplimiento así a orientaciones que vinieron de arriba.

En medio de la escasez se desarrollaron también los productores particulares. Como en Cuba no se da muy bien la uva, la gente empezó a fermentar arroz, chícharos o cualquier fruta. Lograban hacerlo añadiendo azúcar prieta y un poco de levadura. Después de unos días ya aquel líquido tiene alcohol y algunos pensaban que es vino. Por supuesto que lo beben y lo comercializan.

Mucho peor y más dañino es el alcolifán o alcolitis, resultado de mezclar con agua el llamado alcohol de 90 grados que se utiliza en los hospitales. En este caso, es utilizado también en las fiestas de quince, bodas o cualquier reunión familiar. Un amigo consigue en la farmacia o compra por la calle un poco de alcohol de 90 y con eso se prepara el ponche de frutas que se le brinda  a los invitados. Esto fue lo que produjo la reciente tragedia en La Lisa, debido que compraron alcohol de madera porque es aparentemente igual al otro y se lo echaron al ponche.

Otra variante de horror es la producción de aguardiente a nivel doméstico. Para ello se fermenta azúcar prieta o miel de purga y se pasa por un alambique, generalmente de cobre. El producto final, con una gran cantidad de elementos nocivos, se conoce popularmente como chispaetren, duérmete mi niño, diente de tigre o bájate el blúmer. En Cuba en los últimos años se han consumido millones de litros de esta bebida.

Crítica a los planchaditos

A todo ello debemos sumar que en Cuba no está prohibido consumir alcohol por la calle y que en los establecimientos gastronómicos estatales a veces la oferta se reduce a ron, cerveza y cigarros. No hay ni siquiera un pan con croqueta. Y otro elemento a tener en cuenta en la complicidad estatal con los altos índices de consumo de alcohol, es la gran cantidad de dinero que gana el gobierno por la venta de bebidas alcohólicas y cigarros, que aún en moneda nacional tienen elevadísimos precios.

En la actualidad, el gobierno cubano obtiene grandes ganancias por la venta de cervezas y rones de producción nacional en los conocidos pesos cubanos convertibles. Igual que llenaron el país de pipas de cerveza, hoy lo han llenado de puntos de venta de bebidas alcohólicas en divisas. No hay un lugar de Cuba donde usted no tenga un trago al alcance de su mano.

Los panelistas de este viernes estaban muy alarmados. El doctor Ricardo González, director de Tratamiento de Adicciones en el Hospital Siquiátrico de La Habana, levantó su voz para reclsmar que se dejaran de producir los llamados “planchaditos”, los pequeños cartones de ron al menudeo. Y el periodista Luis Sexto identificó el alcoholismo como una “falta ética” (¡?) de la población,

“En Cuba no hay una cultura del alcohol, hay una incultura del alcohol”, sentenció Sexto ante la moderadora del panel, la periodista Arleen Rodríguez Derivet.

Las consecuencias del desmedido consumo de alcohol en Cuba las tenemos a la vista y no hace falta un panel para descubrirla. Se refleja en las crecientes cifras de accidentes de tránsito, el alto índice de criminalidad y la violencia manifiesta en cualquier evento público. Casi todas las fiestas se acaban como la del Guatao.

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