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Historia (no autorizada) de Cuba María Cristina

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Historia (no autorizada) de Cuba María Cristina

Messaggio Da arcoiris il Lun 17 Mar 2014 - 23:14




MARÍA CRISTINA (1). 1989.

A mí siempre me ha gustado la historia aunque nunca he estudiado para historiador, ni siquiera para maestro de historia, que habría sido una vía más rápida y directa para adentrarme en la materia. Pero bueno, si a uno le gusta una cosa, puede meterse igual aunque no sepa muy bien cómo se hace. Digo de meterse por diversión, por entretenimiento, no para que venga alguien después a pensar que es serio lo que uno ha investigado. Pero el otro problema que uno enfrenta es seleccionar la parte de la historia que va a estudiar. Sí, porque la historia no se puede estudiar toda de un golpe. Así uno no terminaría nunca. De manera que se debe decidir el país y el año, y de ese modo podrá ver cuales son los sucesos fundamentales y seleccionar cuales influyeron en la historia de cada país y de cada momento. ¿Me explico? No. Claro que no. Si esto es más difícil que el carajo.

Digamos que transcurría el año de 1986, cuando los cubanos éramos felices y no lo sabíamos. Andábamos por esos tiempos echándonos a la espalda de una vez por todas el éxodo del Mariel (Oh, no, éxodo había sido para los hebreos. Para nosotros había sido la recholata, el despelote, el “que se vaya la escoria... que se vaya... que se vaya...”)

El embargo norteamericano seguía llamándose bloqueo, pero la moral estaba más alta que nunca. Definitivamente nos habíamos acostumbrado a vivir tras el cerco que nos habían tendido los imperialistas yanquis. Eran tiempos de las popularísimas siglas de las MTT y, sobre todo, de las casi secretas siglas de MC.

Las MTT, siglas para acortar el nombre de las Milicias de Tropas Territoriales, habían sido la respuesta al ascenso a la administración estadounidense de cierto vaquero hollywoodense que, según informaron los órganos de inteligencia, venía dispuesto a merendarse a Cuba, con catsup y mostaza, en la primera oportunidad. La inscripción en las MTT era una cuestión no sólo de honor patrio, sino de seguridad nacional, familiar y personal. Había que proteger todo lo que habíamos creado y que el enemigo quería destruir. Ya lo decían los encendidos versos que Héctor de Arturo había escrito para que fueran cantados por Osvaldo Rodríguez: “Tiemble el enemigo que amenaza, a convertir en polvo lo que amamos...” Había que cuidar la barbacoa que habíamos construido para agrandar el cuarto de La Habana Vieja. Había que preservar la ampliación que habíamos hecho en el patio de la suegra con algunos ladrillos que habíamos ido consiguiendo aquí y allá y con el cemento que nos había costado semanas y hasta meses de interminables colas en el rastro. Ningún imperialista vendría a convertir en polvo el colchón de la cuna de mi niña, que me había vendido una vecina de mi cuñada, un colchón buenísimo, que se lo había traído el padre de una amiga de ella que era dirigente del Banco Nacional de Cuba y había viajado a España varias veces. Esas eran las razones, las muy válidas razones, las legítimas razones para la existencia de las MTT.

Sin embargo, MC, ¿qué carajo era MC?

MC era otra cosa. MC era otra línea de combate contra el imperialismo que nos oprimía. (El imperialismo era el que nos oprimía. Lo digo para que no hayan confusiones) MC era algo a lo que nunca se le había hecho tanta propaganda como a las MTT, algo que, aunque existía ya en esos años, nadie mencionaba. Quiero decir que uno no tenía derecho a ir e inscribirse en MC para combatir al enemigo del norte por esa vía, ni aunque uno jurara tener vocación para la guerra secreta y declarara haber visto “En silencio ha tenido que ser” completito tres veces, incluida la vez que lo pusieron en la televisión de verano. Cualquiera de nosotros que quisiera defender la patria lo podría hacer a través de las MTT.

De MC nadie supo hasta 1989. Tan poca publicidad se le hizo que incluso después de ese año crucial muchas personas no sabían cuál era su significado y siguen sin saber qué significó.

Obviamente fueron unas siglas. Ahora, ¿alguien puede decirme qué representaron esas siglas? El que diga “María Cristina” le diré, que ciertamente María Cristina llevaba años queriéndome gobernar, pero MC no se refería a sus iniciales. Si me dicen que quería decir “Muy Correcto” les diré que tampoco es eso (tal vez sea todo lo contrario, digo yo) y al que crea que alude al Ministerio de la Construcción o Ministerio de Comunicaciones le responderé que ciertamente podría ser, pero en la práctica no lo fue. MC fue algo especial. Punto.

Si uno va a estudiar la historia de un país debe tener en cuenta muchas cosas. Tengámoslas entonces. Los servicios de inteligencia cubanos tuvieron una participación muy importante en los movimientos guerrilleros de toda América Latina en décadas anteriores, pero en los años 80 los muchachos se estaban muriendo de aburrimiento. La infraestructura había sido creada para que los agentes se colaran en todas partes e hicieran y deshicieran en misiones que el resto de los cubanos no siempre comprenderíamos y de las cuales, por tanto, no tendríamos ni que enterarnos. Eran muchos los agentes y la paulatina democratización de América Latina los estaba dejando al borde del desempleo. ¿Qué hacer? ¿Se le ocurría algo a alguien? Pues sí. A alguien, imaginen a quién porque yo no lo sé, pero dicen que fue a la mismísima María Cristina, se le ocurrió que la guerra antimperialista había pasado, casi en su totalidad, al terreno de lo económico. ¿Qué le negaba el imperialismo a nuestro pueblo? ¿Qué necesitaba nuestro país para desarrollarse de una buena vez por todas? Más claro ni el agua. De lo que los yanquis querían privarnos era de la obtención de divisas. Esa era la razón del criminal bloqueo y teníamos la licencia moral para romperlo a como diera lugar. Teníamos derecho a buscar fuentes de aquello que nos negaban. Era legítimo que buscáramos maneras alternativas y, necesariamente secretas, de conseguir entrar en contacto con la “Moneda Convertible” (oficialmente llamada U.S. dólar y popularmente conocida como “fula”, “fao” y no sé cuántos nombres más). Precisamente de ahí, del término “Moneda Convertible” surgió el nombre de Departamento MC.

¡Moneda Convertible!... ¡Bingo!; habría gritado el agente de CIA encargado de investigar sobre el particular; pero todavía ni ellos sabían qué podían significar esas dos letras en el contexto de la lucha económica que nos imponían. ¿Habrase visto que estos americanos son estúpidos? Nos hacen una guerra y no son capaces de darse cuenta de cuáles son los elementos que usamos para combatirlos.

Esta historia podría terminar diciendo que en el año 89 pasó lo que pasó. Lo que muchos cubanos pensamos que nunca ocurriría. Varias piezas en lo más alto de la cúpula del Gobierno cayeron fulminadas. Los que siempre habían sido buenos quedaron divididos en algunos que se convirtieron en malos y otros que siguieron siendo buenos. Cualquier estructura de poder se habría desmoronado ante un derrumbe tal; pero no sucedió. Cada regla tiene su excepción. Todo lo que se hizo fue abrir la causa número uno (como si fuera una sola la causa de todas nuestras desgracias) cuyo fiscal guardaba un enorme parecido con alguno de los más célebres payasos del circo ruso, o mejor, para no irnos tan lejos, con su voz nasal y su media sonrisa que no podía ser sino una mueca, este fiscal se asemejaba tremendamente a nuestro inefable Trompoloco.

Pero como ya anunciaba, en el 89 pasó lo que pasó. Todo lo relacionado con el final de ese juicio, y lo que no sucedería como consecuencia del mismo, será mejor buscarlo en otros libros de historia, si los hubiera o cuando los haya. Sólo decir que MC desapareció, sin embargo, María Cristina insiste en gobernarme.

   (1) Se refiere al título de la conocida guaracha de Ñico Saquito cuya primera estrofa dice: “María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo, le sigo la corriente, porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar”. Tanto el autor como el editor desean expresar categóricamente que este título se utiliza sólo debido a la coincidencia entre las siglas y que cualquier similitud entre el nombre de la susodicha María Cristina y cualquier personaje de la vida política cubana es coincidente y no deliberada

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