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El destino de los musicos kubanos

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El destino de los musicos kubanos

Messaggio Da mosquito il Ven 6 Mar 2015 - 2:22

http://www.cubanet.org/destacados/la-musica-cubana-espera-otro-ry-cooder/




La música cubana espera otro Ry Cooder

En los 90, el estadounidense salvó de la miseria a legendarios músicos cubanos con Buena Vista Social Club


Como en cualquier otro país, dedicarse a la música no siempre garantiza un futuro próspero, sin embargo, en Cuba, donde son pocas las opciones para evadir la miseria, el oficio del músico suele ser visto como una alternativa de escape. Después de los dirigentes de primer nivel, son los músicos quienes más viajan al exterior y quienes mejor viven.

Ocupar un cargo en el gobierno es casi imposible, de modo que es muy frecuente escuchar a los padres aconsejar a los hijos que estudien un instrumento musical para que en el futuro puedan integrar una agrupación y marcharse del país, si no definitivamente, al menos con regularidad, es decir, el tiempo suficiente para guardar distancia de una realidad opresiva.

En consecuencia, las escuelas de música, tanto las estatales como las particulares (muchas de ellas clandestinas) no dan abasto. Según Armando Alpízar, exprofesor de un conservatorio de La Habana y actualmente “músico callejero”, las escuelas funcionan muy por encima de la capacidad de matrícula, lo que provoca un exceso de graduados que no hallarán lugar donde ejercer la profesión cuando culminen los estudios:


“Todos los años se gradúan miles de muchachos que no encuentran trabajo. La gente piensa que es salir de las escuelas y comenzar a ganar dinero en una orquesta que viaja por el mundo todo el tiempo. Y no es así, la realidad es más dura. Yo siempre se lo explicaba a mis alumnos que venían con esos humos en la cabeza. Tener una orquesta es una inversión mucho más grande que abrir una paladar [restaurante]. En la televisión ponen esos videos donde los cantantes exhiben un nivel de vida altísimo en un país que te dicen que es Cuba pero que para nada tiene que ver con el país que vivimos tú, yo y millones de infelices más.


El destino de  muchos músicos, algunos de ellos buenísimos, es este de andar por las calles detrás de los turistas o dar clases privadas, pero eso solo da para el día a día. Acuérdate del Buena Vista Social Club, la mayoría de ellos estaban olvidados y eran verdaderas lumbreras. ¿Cómo vivía Ibrahím Ferrer? ¿Y Rubén González? Daba pena […]. Dar clases privadas tampoco rinde mucho porque no les puedes cobrar exageradamente a muchachos que tú sabes bien que la están pasando peor que tú. Si a veces acepto dar clases es porque no puedo negarme, ¿tú me entiendes?”



Tal como asegura Armando Alpízar, el destino de la mayoría de los jóvenes graduados de música es ejercer de manera independiente en las calles o, como afirma Dairon ―músico callejero en sus tiempos libres pero, oficialmente, integrante de una banda de música municipal―, “aceptar sacrificarte” en una casa de cultura donde el salario no rebasa los 10 dólares mensuales:

“Aquí en el malecón siempre se hace algo pero tienes que pinchar duro, desde por la mañana hasta la madrugada. Llevo en esto desde antes de graduarme, hace como 6 años. Siempre he querido tocar en una buena orquesta o hacer la mía pero cuando me gradué me di cuenta de que no es tan fácil para quienes no tienen padrinos en el mundo de la música. Tengo la esperanza de que alguien me descubra. […] Me enviaron para la banda de música de 10 de Octubre. Tenía que cumplir el servicio social. Para empezar, no tenía ni instrumento, yo mismo tuve que comprar el mío [trompeta]. Protesté, pero después me dio pena con el director porque supe que a todos los músicos les había pasado lo mismo que a mí, y que incluso el propio director había tenido que pagar de su dinero las cañas de otros instrumentos, los muelles, todas las piezas de los instrumentos rotos, todo, hasta los atriles los tuvo que mandar a hacer a un herrero amigo suyo, las sillas también. Y te digo de su dinero porque el salario no le alcanza. […]



Un director gana solo 200 pesos [8 dólares] al mes, y yo, como era recién graduado, solo ganaba 150 pesos [6 dólares]. Eso sin contar que cuando vamos a los parques a tocar, tenemos que hacer una ponina [colecta] entre todos para pagar el transporte porque nadie nos da nada. Todo lo hacemos por amor al arte. El gobierno municipal dice que ese no es problema suyo, que los carros que tiene son para recoger la basura, sin embargo, cuando hay un acto político, enseguida nos mandan una guagua [ómnibus] y aparece todo. Pero después del acto nos quitan los instrumentos y tenemos que regresar con los destartalados”.

Músicos graduados o mendigos


“Es como si nos hubiésemos graduado de mendigos. A mí me da pena. Los fines de semana tocamos en los parques de aquí del centro de La Habana porque siempre pasan los turistas y nos dan propinas. Después la repartimos entre todos y es algo más por encima del salario, que no alcanza para nada. Antes tocábamos en el Parque de La Lisa o en el Cotorro o en la Plaza Roja de La Víbora, pero allí gastábamos más en llevar los instrumentos y comprar agua y comida para el trayecto que lo que recibíamos al mes. Después descubrimos que aquí en la Habana Vieja se resuelve más. Siempre está el extranjero que pasa y le caíste bien y te deja algo. Pero eso aquí y donde sea es mendigar. Yo no estudié para eso. Se supone que esto es el socialismo y que solo en el capitalismo los músicos andan pidiendo limosnas en las calles, en el metro”.


Incluso para los músicos con larga trayectoria en el panorama cultural de la isla, la situación no es muy diferente. Originarios de Santiago de Cuba y exintegrantes de varias agrupaciones locales, Rita y Pepe decidieron abandonar su provincia para probar fortuna en el malecón habanero junto a otros cientos de músicos que no encuentran otro modo de lograr el sustento:

“No hay más. Es esto o morirse porque yo no tengo pensión. Y eso que llevo más de 40 años en la música pero me dicen que nunca fui evaluada como profesional. Si no vengo todos los días no como […]. En la música lo que hay es que tener suerte o nacer de pie, y yo nunca tuve nada de eso. Como están las cosas, me moriré pobre pero al menos hago algo para seguir viva”, nos dice Rita.

Por su parte, Pepe asegura que el suyo no es un oficio para nada lucrativo: “A veces se gana pero, otras, los extranjeros se paran a escuchar, se tiran una foto pero no dejan nada. Uno pasa horas al sol, caminando de un lugar a otro, a veces por un dólar al día, porque la gente te deja un peso, tres pesos [menos de 10 centavos de dólar]. Pero, para que veas,  hay veces que nos han dejado hasta 10 dólares pero eso no es todos los días. […] Allá en Santiago se gana menos y ahora la cosa está peor que antes, por eso vine para acá. Pero La Habana no me gusta ni un poquito. Ganas más, pero también gastas más”.

Lejos del paraíso musical que aparenta ser, la Cuba posterior a 1959 siempre ha sido un verdadero infierno para ejercer el oficio de la música. El cierre de cabarets, centros nocturnos y programas de televisión y radio, la prohibición de espectáculos, el retiro obligatorio de artistas y la censura por razones ideológicas y hasta de índole personal, ha caracterizado el paisaje musical cubano de los últimos 50 años.

A finales de los años 90 el cineasta alemán Win Wenders y el guitarrista norteamericano Ry Cooder, con el proyecto Buena Vista Social Club, dieron cuenta del grado de miseria en que vivían excelentes músicos, desamparados por las instituciones culturales cubanas. Lejos de cambiar, la realidad ha empeorado tanto para los artistas reconocidos como para quienes comienzan. El nuevo modelo económico cubano, enfocado en la desesperada búsqueda de capital foráneo, hasta el momento se ha mostrado incapaz de observar y mucho menos resolver lo que ocurre en nuestro espacio insular. Confiemos, entonces, en que no muy tarde aparezcan otros Ry Cooder.

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"..non dovete esssere egoisti e pensare con la pinguita
dovete pensare il bene del populo cubano.."


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